Claude Dieterich, un sobreviviente del diseño

Pionero. Dieterich Sentó las bases para la enseñanza profesional del diseño en el Perú, siendo el primer director de esa carrera. Es uno de los mejores exponentes de la caligrafía clásica y heredero de las enseñanzas del famoso diseñador y calígrafo alemán Hermam Zapf.

Entrevista hecha por Martín Árias (Miembro de Caligrafía Artística Perú) para el Diario Peru21 (ver documento original).

Llegué media hora antes a la cita con el maestro Claude por que me advirtieron de su puntualidad. Él ya estaba ahí esperándome con una sonrisa aprobatoria. Sentí que había recibido su primera clase. A sus 88 años de edad ha dedicado casi toda su vida al diseño gráfico y a la caligrafía, por lo que se considera a sí mismo no  tanto un pionero, si no un sobreviviente de su pasión.

Para usted ¿qué es el diseño gráfico?

Hay una explicación universal: el diseño gráfico es comunicación visual. Es el arte de comunicar visualmente una idea, un concepto. Hay que diferenciarlo de la publicidad, con la que generalmente lo confunden. Nuestro objetivo es comunicar, el de la publicidad es vender.

No es una definición tan romántica como la de las artes plásticas ¿a qué se debe eso?

El termino artes plásticas es muy abierto, entran varias cosas ahí; pero el diseño tiene una función muy clara que es la de crear una imagen, ya sea para un producto, un artículo en el periódico o la de un libro, con el fin de comunicar.
El pintor también comunica pero no es una comunicación funcional como la del diseño que tiene ciertas reglas.

También estudio pintura, ¿luego se hizo diseñador?

En realidad estudie las dos carreras a la vez, pintura y diseño gráfico en la misma universidad, Mi trabajo en arte es mas enfocado al dibujo y grabado que a la pintura, no soy muy colorista. Con la ilustración y el grabado me siento como pez en el agua, pero si tengo que decidir siento que soy más diseñador.

Usted llegó a Lima en 1961, ¿había diseñadores en esa época?

Había muy pocos. Dos peruanos (Bracamonte y Carlos González) y cuatro Suizos (Barandun, Bovey, Bossart y Stoekly) que fueron profesores de Octavio Santa Cruz y Escalante y yo que tuve como asistente a Ciro Palacios. Los suizos y yo nos dedicamos en ese entonces a formar a un pequeño grupo aquí.

¿Y cómo se abrieron camino en una actividad que era tan nueva en esa época?

Cuando yo llegue la palabra diseño era desconocida. Había que educar a los clientes, yo tenía largas discusiones con ellos para que entendieran lo que yo haría con la imagen de sus negocios.

Usted sentó las bases para la enseñanza profesional del diseño, ¿Como se dió su vocación de maestro?

Yo no tenía la vocación, pero tuve amigos que me convencieron de tirarme a la piscina y comencé a enseñar lo que a mi me enseñaron de la misma manera como yo lo aprendí. Cuando estuve a cargo de la carrera de diseño gráfico de la Escuela de Arte (que años después se convirtió en la Facultad de Arte de la Universidad Católica) tuve que adaptar esos métodos. Lo que se enseñaba en ese entonces lo llamaban ‘artes gráficas’ y me parecían cursos de manualidades porque sentía que los alumnos no salían profesionales. Cuando entré me propuse que en mis clases crearía profesionales y que cuando salgan tengan trabajo.

Después de formar a tantas generaciones de alumnos ¿qué es lo que cree que mas ha cambiado en ellos?

Lo que más los ha cambiado ha sido la tecnología. Muchos de ellos, sobretodos los jóvenes, ven la computadora como una solución para todos sus problemas, sin darse cuenta que es sólo una herramienta. En EE.UU. en una clase de Ciencias de la Comunicación al que yo había sido invitado, el profesor sacó de su bolsillo un lápiz y le preguntó a sus alumnos ¿qué cosa es esto? todos respondieron ‘un lápiz’ obviamente, y él les dijo “bueno, la computadora que cada uno tiene delante es un lápiz también; un poco mas caro pero también es un lápiz”. Los que no entienden eso han hecho que el nivel del diseño haya bajado muchísimo.

Hablemos de la Caligrafía, ¿para ella si tiene una definición mas poética?

Es que para mi es un ejercicio espiritual. La caligrafía es como una meditación en movimiento. Yo comencé a enseñar caligrafía en la Católica y durante un tiempo no incluí esas clases dentro del programa de diseño; pero al sentir que mi curso de tipografía no era muy bueno decidí incluirla porque la caligrafía es la raíz de la tipografía. Pero no hay que ser calígrafo para ser diseñador, pero si estudias caligrafía si puedes ser un mejor diseñador.

¿Pero también puede ser una profesión?

La caligrafía es una especialidad pero que puede llegar a ser una profesión; yo tengo amigos que son solamente calígrafos. Pero aquí aun no, mucha gente no sabe que existe esta actividad y los que tienen el dinero pocas veces invierten en eso. Cuando estuve en Miami yo sólo vivía de la caligrafía.

¿Qué se necesita para ser un calígrafo profesional?

Primero paciencia y cierta modestia, porque muchos hacen un curso de dos semanas y ya se creen calígrafos, hay que practicar todos los días durante años para ser profesional. En una clase escribí una palabra con un tiralíneas, (una herramienta que no usa mucho) y uno de mis alumnos sorprendidos me preguntó “¿donde aprendió ese estilo?” y yo dije “no se, solo me salió”, y es por que llevo muchos años de práctica.

Muchos lo conocen como un gran maestro, pero ¿como era usted en su época de alumno?

Uy, yo era malazo, hasta tuve que repetir un año porque me interesaban más la chicas de mi clase ja, ja, ja. Pero realmente a mejoré cuando comencé a trabajar profesionalmente. Aunque empecé tarde porque he tenido mil profesiones, sobre todo cuando llegue a Lima y no tenia clientes.

Usted tuvo el privilegio de haber sido alumno de Hermann Zapf, un importante referente del diseño y la caligrafía a nivel mundial ¿cómo era él como profesor?

Era magnífico, fue el top de la caligrafía, el mejor que he conocido; además era una persona muy sencilla. Lo conocí en los ochenta, cuando me invitaron a participar en una exposición y me enteré que él era el presidente del jurado que elegiría las obras de la muestra y me atreví a enviarle una carta para preguntarle cuáles eran las condiciones para ser su alumno. Dos semanas después recibí una carta de él que decía “Estimada Sra. Dieterich su nombre no me suena muy andino…” los ingleses, ¡creen que el nombre Claude es de mujer! (risas) Le respondí explicándole que yo era un hombre y de mi origen Francés. Me respondió que solo aceptaba a profesionales, 18 alumnos por clase y previa presentación de un portafolio; pero que en mi caso no era necesario, que me aceptaba porque ya conocía mi trabajo. Esa carta la atesoré y siempre la mostraba con orgullo.

Por último ¿Que le diría a los jóvenes que quieren estudiar diseño pero tienen dudas sobre esta profesión?

Primero que aprendan las bases, no con un libro si no con un buen profesor; segundo que estudien diseño antes de prender una computadora, aprender un programa es una cosa pero aprender a diseñar es algo que está mucho más arriba, es algo superior.

Claude Dieterich es miembro del Consejo Honorario de Caligrafía Artística Perú.